Antes de tocar una sola pieza, revisamos el uso real del vehículo: calles estrechas, cocheras angostas, trayectos cortos repetidos. De ahí sale el orden de trabajo. Primero medimos y definimos prioridades, después elegimos qué se modifica y qué se deja como está. Cada etapa tiene un entregable concreto y un momento para revisarlo juntos, sin sorpresas a mitad de camino. También hay límites claros: no todo microauto admite el mismo paquete eléctrico, y algunos ajustes de carrocería dependen de la normativa local de cada ciudad.
Cronología del proceso
Cada intervención sobre un k-car o un city-car sigue un orden fijo. No es una formalidad: saltarse un paso suele costar más tiempo después, sobre todo cuando se toca la geometría del chasis o el cableado de un eléctrico. Aquí queda registrado qué ocurre en cada tramo, cuánto suele durar y qué se espera de quien encarga el trabajo.
Semana 1
Recibimos el vehículo, tomamos medidas reales de vano, radio de giro y puntos de anclaje. Se documenta con fotos y se listan los componentes que ya no cumplen su función. Sin esta base, cualquier ajuste posterior queda a ciegas.
Semanas 2 a 3
Se acuerda qué se modifica y qué se conserva. En city-cars suele limitarse a suspensión, paneles y luces; en eléctricos se suma la revisión del bloque de baterías y de los modos de recarga. Aquí se descartan ideas que no aportan al uso diario.
Semanas 4 a 6
Montaje de paneles, ajuste de suspensión y calibración de luces. Los acabados glicéridos se aplican por capas y se dejan curar antes de exponerlos a la intemperie. Es la etapa más larga y la que más depende de la disponibilidad de piezas.
Semana 7
El vehículo circula por calles angostas, badenes y estacionamientos ajustados. Se mide consumo en eléctricos, respuesta de frenos y visibilidad en horas de poca luz. Cualquier corrección se anota y se resuelve antes de la entrega.
Semana 8
Se entrega con un resumen de cambios, recomendaciones de mantenimiento y un contacto directo para consultas posteriores. Pasadas unas semanas, retomamos contacto para confirmar que el comportamiento en uso real coincide con lo previsto.
Trabajamos con kei-cars y city-cars que ya ruedan por calles estrechas, cocheras ajustadas y rampas pronunciadas. El orden de trabajo importa: primero medimos, después decidimos, y solo entonces tocamos el vehículo. Cada etapa deja un registro escrito para que sepas qué se hizo y por qué.
Empezamos con una conversación sobre el uso real: cuántos kilómetros diarios, si duerme en cochera cubierta o en la calle, qué ancho tiene el portón de entrada. Con esos datos revisamos el estado del chasis, la tornillería y los puntos de anclaje. Si el coche es eléctrico, medimos también el espacio disponible para el bloque de baterías y el recorrido del cableado.
Antes de desarmar nada, entregamos un documento con las piezas a modificar, el tipo de acabado previsto y el orden de los trabajos. Ahí quedan claros los límites: qué se puede ajustar sin comprometer la estructura y qué conviene dejar como está. También indicamos qué piezas hay que conseguir afuera, porque algunas referencias de kei-car no se consiguen en el mercado local.
Desmontamos paragolpes, ópticas y paneles según el plan acordado. Las superficies se limpian, se corrigen los bollos pequeños y se impriman las zonas que van a recibir laca. Este paso es el que más tiempo consume y el que más afecta al resultado final: un panel mal preparado se nota a los pocos meses, sobre todo con acabados brillantes.
Con la carrocería fuera del camino, revisamos amortiguadores, bujes y geometría. En city-cars el objetivo suele ser absorber bien los reductores de velocidad sin perder precisión en curvas cerradas. Si el vehículo es eléctrico, verificamos el anclaje del motor y el estado de los soportes antes de volver a montar los paneles.
Volvemos a montar todo, regulamos la altura de los faros y comprobamos que ninguna junta quede forzada. Hacemos una vuelta corta por zona urbana para escuchar ruidos y confirmar que la dirección responde como esperamos. El coche se entrega con las piezas originales guardadas y una nota con los cuidados de las primeras semanas.
Los plazos dependen del estado inicial y de la disponibilidad de piezas, no de un calendario fijo. Si tu coche tiene una particularidad que no encaja en este esquema, conviene hablarlo antes de empezar.
Podés ver el enfoque general en cómo trabajamos o escribirnos directamente desde contacto para revisar tu caso.